No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió

“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”

Joaquín Sabina.

Aquella cita resuena una y otra vez en mi cabeza, un pensamiento que se aferra a mi como si la vida dependiera de ello, como si mi presente se justificara de esa forma.

En tiempos en donde la luz interior es un lujo, cuando la enemiga de la humanidad “arrepentimiento” invade el corazón de las personas, esta frase como mantra me ha ayudado a convertir lo oscuro a opaco, lo opaco a algo más claro y eso a un material radiante, proyector de luz, sueños e ilusiones, como varios puentes conectados entre la desesperación y la alegría, como un conjunto de escalones que te sacan del peor abismo a un campo tapizado de flores en armonía con el cielo.

Es difícil cuando has vivido dentro de una cueva lo suficiente como para querer la oscuridad, abrazarla y no dejarla porque es lo único que conoces, realmente es difícil por el miedo a que la luz, esa promesa de los dioses, te llegue a quemar de tan intensa que puede ser, pero es aún más difícil dejar que te toque, enamorarte de ella y perderla.

La dificultad radica en el conocimiento, en saber sobre aquella experiencia tan placentera y de totalidad espiritual que se alcanza y que no lo tengas. En esos momentos mirando el presente incierto buscas un por qué en el pasado, y al voltear los ojos del espíritu hacia atrás uno de los sentimientos que se pueden encontrar es la culpa. Claro, depende de en qué acciones ocupes la mente, pero en el caso de aquellas que te llenaron de una felicidad inmensa, cuando miras hacia atrás y ves que una decisión que tal vez carecía de lógica te llenó de amor y una luz radiante como el sol te das cuenta que no habrías cambiado eso por nada del mundo, que no te arrepientes de nada que hayas hecho por amor, que es mejor hacerlo y después extrañar, porque “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, porque extrañar significa que el sentimiento es real.

Sobre las fronteras

 No dejes que una frontera consiga determinar el país de una flor

Jesús María Hernández Gil

 

Las fronteras, curioso concepto que en resumen significa límites, ya sean políticos y geográficos o culturales e ideológicos- El hombre se ha puesto fronteras desde que nuestros antepasados dejaron la vida nómada atrás y se comenzaron a formar civilizaciones en base al sedentarismo y es que era necesario marcar estos límites como control, para la supervivencia del homo sapiens.

Las primeras civilizaciones en usar fronteras geopolíticas fueron aquellas del próximo oriente, Mesopotamia y Egipto, y el principal recurso para trazar estos límites fueron los ríos Tigris y Eufrates, divisiones naturales al carecer de sistemas avanzados de cartografía.

Con el paso de la historia más y más civilizaciones se fueron formando y creciendo. Ese aumento perceptible y gradual de tamaño, junto con el deseo del hombre de tener más, orilló a las grandes masas de personas a generar conflictos bélicos para la dominación de uno o más territorios, es decir, para extender sus fronteras geográficas, además de aquellas ideológicas con las que impondrían su cultura. Los romanos lo hicieron, los persas, mongoles, bizantinos, ingleses, españoles, franceses, portugueses… una gran cantidad de países, reinos o imperios lo hicieron, en diferentes lugares y tiempos, pero el concepto de frontera política y social ha existido y se ha procurado la extensión de ella, acompañado de un deseo de riquezas y “éxito”.

Miles de años después de las primeras fronteras nos ajustamos a esta práctica para procurar el orden social por medio de países que regulan la economía y leyes de un determinado lugar y/o cultura haciendo de este sistema “estable” según la región en donde se encuentre, y señalo la palabra “estable” entre comillas porque hasta ahorita no se ha construido ninguna utopía como con la que sueña Tomás Mora en su libro Libellus . . . De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae (Libro del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía).

            Las fronteras políticas y geográficas han tenido cambios, pero no tan drásticos como los que sucedían el siglo pasado con la desintegración de la URSS o el intento de dominio del partido Nacionalsocialista alemán, sin embargo las barreras que la comunicación tenía hasta hace unos cuántos años han sido rotas casi en su totalidad por esta herramienta que usamos día a día llamada internet. Con esta conexión en redes la información entre personas de todo el mundo se comparte de manera casi inmediata y con la evolución de las redes sociales como Facebook, twitter, instagram y muchas más es posible conocer qué hacen otras personas con el simple hecho de estar frente a un monitor, y se hay una confrontación fuerte respecto a este tema sobre si el uso de el internet es el más adecuado por parte de los jóvenes ya que representa beneficios en cuanto a comunicación e interculturalidad, pero también puede ser usado para profanar, ofender o publicar obscenidades que de ninguna forma contribuyen a la formación de una sociedad sana. Ese es otro tema y en otro momento será tratado, pero la clave de esto es que gracias a este medio las fronteras culturales se han minimizado al poder aprender de otros lugares y costumbres por medio de un solo click, aunque claro, esta experiencia nunca será equiparada como la de salir, explorar, sentir el calor, probar la comida de una región, mirar directamente a los ojos a su gente y volverte amigo de ella… pero ha significado un paso muy importante, sobre todo como herramienta para la inclusión social y movedor de masas para causas benéficas.

            Tras plantear los antecedentes históricos y el contexto actual de la comunicación me puedo preguntar: ¿cómo ha influido en mí las fronteras?. Ciertamente, la mayor parte de mi vida he vivido cerca de una frontera, primero al sur con Guatemala y después al norte, con nuestro vecino y padre capitalista, los Estados Unidos de Norteamérica. Con el segundo no he tenido tanta interacción, así que podemos prescindir de mis experiencias con él ya que no resultarían del todo enriquecedoras.

            Hace un par de años me encontraba en un autobús con origen en el sureste de México camino a la capital, el Distrito Federal, y a mitad de la noche, sobre la carretera en Veracruz el camión fue detenido. Un oficial de la policía federal entró con una luz muy intensa y repasó el rostro de todos los que iban en el autobús y cuando llegó conmigo se detuvo.

–Su identificación –me dijo con un tono de voz nada agradable, busqué en mis bolsillos y solamente pude encontrar una credencial de mi colegio y se la entregué. Preguntó por mi nombre, el de mi directora según la tarjeta de la escuela, cuál era el propósito de mi viaje y al finalizar se me quedó observando como si fuera un sospechoso buscado por la policía y tomó mi suéter, vio la etiqueta e hizo una mueca, me devolvió mi credencial y se fue. No entendí de inmediato que ese cuestionario era por las personas que pasaban ilegalmente la frontera con objetivo de trabajar en tierras mexicanas o viajar hasta llegar a Estados Unidos, pero a partir de esa experiencia y tras escuchar varias noticias respecto al “cruce” de las fronteras he podido observar que en ocasiones las personas encargadas del control de migrantes suelen ser algo duros.

            Ciertamente las fronteras culturales se han visto reducidas (o ampliadas) por la comunicación masiva entre las personas, por el fácil contacto que se puede tener, así como el intercambio de expresiones artísticas, ya sea en la literatura, como en el cine, la fotografía entre otras herramientas.

Sin embargo, las fronteras políticas y geográficas siguen siendo un tema muy serio, sobre todo en países con alto desarrollo como lo es Estados Unidos de Norteamérica, pero los motivos de cruzar esos límites no siempre son con deseos de poder basados en egoísmo, muchas veces también lo son de superación y esperanza, de querer alcanzar algo más allá de lo que puedes en el lugar en donde estás y ese espíritu no se le debería reprochar a nadie, porque es esa actitud y compromiso la que necesitan las sociedades de hoy en día, no sólo hablando como naciones, sino también como especie, y familia.

Por David Rodríguez Pérez

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El sueño de volar

Un cosquilleo en el estómago, una agradable calidez en el pecho y miedo manifestándose en el temblor de las manos, tres de las cosas que siento dentro de mis sueños cuando tengo la sensación de volar.

¿Quién no sueña con volar al ver las aves o los super héroes que aparecen por la televisión? ¿quién no ha soñado despierto con nadar a través del basto azul del cielo? y sentir el viento sobre su cara con una sensación de absoluta libertad. La imaginación de la persona puede ser muy fuerte, pero la experiencia onírica de volar es mágica y es que son repetidas las ocasiones con las que duermo y tengo esa sensación, siempre de diversas formas sin tener en claro un método definido sobre el cómo hacerlo, siempre cambiando, siempre siendo un “yo” diferente, pero teniendo algo en común: incredulidad y fe.

Si, conceptos que a veces no se relacionan muy bien, pero que en sueños parecen tener total sentido y esa es la maravilla de las experiencias dentro de los sueños y de la imaginación inconsciente, que todo puede suceder.

Sin embargo, a menudo me pregunto cómo es posible sentir cosas que no has experimentado realmente, es decir, si, si he volado, pero a bordo de un Boeing 787 no de la forma en la que lo hago cuando duermo, y entre más pienso más me fascino sobre lo maravilloso que es la vida y el cerebro, la unión de ellos, la mente.

Hablando de Marlén

La noche se hacía presente en el teatro Metropólitan de la Ciudad de México un 3 de Junio de 2011, por fuera, la oscuridad que viene después del crepúsculo, por dentro, una ola de personas vestidas de negro queriendo escuchar la poesía cantada de Nacho Vegas.

Con catorce años creo que era el personaje de menor edad entre los que estaban en el concierto, y me sentía algo cohibido por lo mismo, pero el tío que me acompañaba me hacía sentir cómodo con eso, estaba feliz por estar a unos metros de uno de mis más grandes ídolos musicales de ese entonces.

El concierto empezó con “Cuando te canses de mí” y desde ese instante me perdí en el infinito que creó ese momento, cada canción que tocaba el músico asturiano me la sabía de memoria y la cantaba desde el corazón. En un momento hizo una pausa para celebrar el cumpleaños del tecladista que lo acompañaba, Abraham Boba, y México le dedicó las mañanitas desde la capital, no sabía hasta ese momento que tantas personas compartían un gusto similar al mío y apreciaba realmente cada minuto de mi estancia ahi´ y luego de unas canciones más, todo cambió. Escuché un acorde en “Mi” que no era de alguna canción que conociera, me pregunté cuál y empezó a cantar:

Hablando de Marlén, nadie recuerda bien el día en que perdió la voz,
o si es que fue ella quien dejó de hablar.
Se la solía ver con un trozo de pizarra gris
colgándole del cinturón,
a veces había algo que decir.

La hicieron nacer entre bruma y carbón
en algún lugar de la cuenca minera,
pero ya de muy pequeña alguien la trajo a Norteña,
y aquí vivió hasta el final …
aquí vivió hasta el final …

Marlén dio en trabajar por las noches en un club,
el Huracán 72, por dos duros y habitación.
Algunos por allí la conocieron bien,
decían “Ven, mudina, hazme feliz.
Ven y, ya que no hablas, chupa aquí”.

Creo que la vi una tarde en pleno invierno,
recostada en la playa de San Lorenzo,
dibujando con dos dedos en la arena y frente al viento
algo que la mar borró …
algo que la mar borró …

La recuerdo al pasar, sangre seca en su nariz,
y cómo nos reíamos y nos reíamos.
Un día sin más la dejamos de ver,
y creo que nadie preguntó.
Y cómo nos reíamos.

Transcurrió un mes sin que nadie la extrañara,
y alguien la encontró en su habitación ahorcada,
y había escrito en la pizarra estas últimas palabras:
“Adiós, Norteña, olvídame” …
“Adiós, Norteña, olvídame” …

En esa canción no canté, me quedé mudo contemplando cada segundo esos misteriosos versos y la música que me atrapaba, sentí algo en mi pecho y al terminar sabía que debía encontrar el nombre de esa canción por lo que intenté recordar fragmentos de ella para después “googleaerla” y el resultado que obtuve fue: “Hablando de Marlén”, una canción que habla sobre desgracias con una tranquilidad que te da un golpe en el alma, pero no de esos golpes que te tiran dejándote impotente, sino de aquellos que te despiertan, que te dicen que mires afuera y te dan dos lecciones:

  1. Valorar lo que tienes y eres.
  2. Hacer algo por los demás.

Esas fueron las lecciones que me dejó aquel hombre de Gijón sin querer esa noche, y son cosas que cada día intento recordar.

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Sobre el cambio y doppelgängers

Hace más de un año encontré una serie que sin duda alguna tuvo una fuerte influencia sobre mí, How I met your mother y en uno de sus capítulos el personaje principal, Ted hace una reflexión en donde dice que con el pasar de los años todos nos volvemos nuestros propios Doppelgängers. Cuánta razón y misterio hay en esa teoría pero también algo de incertidumbre.

Normalmente cuando las personas miran hacia la ilusión del pasado tienden a sentir las experiencias que vivieron previamente y después de un rato del viaje hacia atrás nos quedamos con la sensación de que la persona a la que estábamos invocando (nosotros) no es la misma que está haciendo esta reflexión y hay verdad detrás de ello, porque con el pasar de experiencias, logros, desafíos, puntos de dolor, encuentros de felicidad nuestra figura interna se va formando (ojalá siempre para bien). Y a partir de este punto podemos hablar de algo inevitable en la vida de los seres humanos, el cambio. Si habláramos con términos matemáticos pareciera que la vida del hombre es todo menos una función constante pues está sometida a continuos cambios y depende muchísimo del exterior, pero también del interior. Nadie sabe lo que viene con exactitud en la vida de nadie y es por ello que el miedo es un amigo indeseado de nuestra especie desde tiempos inmemorables, porque con el cambio siempre aparecerá formándonos o desfigurándonos completamente, haciendo del futuro algo impredecible y logrando que cuando miremos a nuestro pasado seamos un ente con misma apariencia pero con un interior completamente diferente o siendo distintos en los dos casos, convirtiéndonos en doppelgängers.

Sin embargo nuestro presente no es más que la suma de los eventos de nuestro pasado, de nuestra persona a través del tiempo, es la suma de nuestros doppelgängers y ya sea si estás o no conforme con quien eres en el presente no cambiarás a ninguno de tus doppelgängers que están detrás de ti, es por ello que el trabajo de la contemplación del presente significa tanto para personas espirituales, porque es lo único que lleva a un mejor futuro, y destaco que no me refiero a personas que siguen estrictamente una ideología religiosa, hablo de seres espirituales, un término diferente y tal vez más difícil de abordar.

El cambio no es bueno, pero tampoco es malo, el cambio sólo es eso: “el cambio” y el presente, lo real.

A second chance in the time

There was nothing more to stay in the “T” house, the walls were all upholstered by a strange liquid and Grace couldn’t stand the idea that it was her soul’s blood.

–Why would you think something like that, dear? –said an strange magician who was next to her.

–Because I feel empty since “that” happened –said Grace– and here’s the evidence.

–Well, honey that the walls have an strange material doesn’t mean that it’s a part of your soul, right?

–I know, I know perfectly but… I know how it feels, I know that something inside me is broken, you don’t understand, I’ve been a thief my entire life. I was trying to be a decent woman but now my only hope to be more than I am right now is lost and I won’t have it again, my future is gone.

–You’re future is not written yet, honey.

Grace glanced to her back and she realized that something or someone was in the kitchen of her burned house.

–What is that? –asked the strange magician.

–I have no idea but I’ll figure it out.

–Haven’t you seen horror movies? –exclaimed the magician– you shouldn’t go to the strange thing or you will die and then your future will no exist like you just said.

Grace did not listen the words of the magician and walked to the kitchen, she approached cautiously and saw a little gold bell over the greenhouse.

–Grace, no! –yell at her the magician when she touched the tiny and mysterious object but again she didn’t listen and when her skin made contact with the gold the entire world (except Grace) stopped.

–What is this? –she asked in vane– why is everything frozen?

–This is your second chance –said someone with a prominent and deep voice.

–My second chance? –asked confused Grace– I’m pretty sure that there are no seconds chance for me, Mr. Strange.

–Well, right now I’m giving you one, “Mrs. G” –answered the guy of the sky.

–But I don’t understand, the entire world is frozen how this is going to be the second chance that you are talking about? –asked Grace.

–You were right about that thing on the wall, something inside your heart was broken after the fire incident but this is not the end, I stopped the time so you can go out and take a look of yourself, see the world, explore.

–But nobody will notice my presence.

–And that is why this is an advantage for you.

–But… –started to say Grace– if everyone in the world is frozen I would be able to do any kind of stuff, like… well, you know, bad stuffs.

–And that’s why this is a second chance, It’s on you if you do “bad” or “good” things with this opportunity that I’m giving to you.

Grace tried to imagine the look of this “being” and all that she could create was a couple of colored clouds in her mind.

–It’s not easy imagine at me, Mrs. G.

–I can realize.

Grace walked to the street and everyone in the road was lost in a beautiful sense, she could steal at anyone but something happened, there was a boy holding his mom’s hand and looking at her with the innocence of the childhood and the warm of a little boy soul.

–I wish my little boy could hold my hand like you –she said and then walked forward him– I wish you the best for you and your family –said to the boy’s mom while she was looking at her. She kissed the boy in his forehead and step out.

“I guess that I have to learn to live without you, Dan” she thought and kept walking until she saw an “almost accident”. There was a motorcyclist in front of a sedan, ten centimeters were the line of the life or the death for the man who lost the control.

–Aw, this could not happen, I’m gonna fix this.

“Take the Rolex of him” rang inside her mind.

Grace carried the young man to the sidewalk so he could live, she did not take the clock and smile and then she walked by. She walked until her legs couldn’t more, she walked and helped more people than she knew in the past and she walked until she forgot what was to be in a world with time.

–So this is it, now this is the end.

–Now it’s just the beginning, darling –said the strange voice.

–I don’t want more –she said– I’m so tired, I just wanna rest.

Grace felt a kiss on his forehead, it was his little boy inviting her to live in the eternity.

Time

El último primer día

Era el último día de los primeros de su verdadera vida.

Después de años sin atreverse a amar, Don Enrique había decidido ir a la playa de San Sebastián en busca de aquella chica que en el verano del 96 lo dejó sin algo más que palabras, aquella figura femenina que le había robado el alma en un suspiro, la que hizo nacer en él material a sus pensamientos para viajar.

Después de casi 18 años de aquél súbito encuentro, al fin había tomado el valor para ir en busca de sus sueños, para empezar a soñar despierto y vivir lo que alguna vez invadió sus noches y pensamientos.

Llegó a la playa tan seguro de que vería aquel rostro otra vez, tan lleno de esperanza y deseo, pero con el pasar de las horas su esperanza se iba, una y otra vez, montada en las nubes de aquel cielo que prometía algo más.

Pasaron así las cuatro estaciones y ella nunca llegó, y tras un año entero, con el cansancio del alma que provoca la espera decidió sentarse frente al mar y encomendarse al incierto mañana y a la luz del ayer, regalándole un último suspiro a aquél lugar que lo vio vivir de verdad.