Sinfonía No. 5: Adagietto. Gustav Mahler

Es difícil describir la cantidad de sentimientos que puede evocar una combinación de sonidos y silencios, una invención tan espléndida que nace dentro del ser humano en un momento de genialidad y paz o guerra interna. Tratando no de explicarse a si mismo, sino de explicar a los demás aquellas cosas que no se pueden entender con palabras, porque llegan momentos en las que estas no alcanzan a comprender el sentido más profundo del mensaje que se quiere dar.

El ser humano es un ser social por naturaleza, interactúa con el medio, se comunica y crea vínculos con otras personas, relaciones que toman un sentido más intenso al compartir y expresar sentimientos. Cuando el hombre no puede usar las palabras como medio para expresar un momento trascendente recurre a la música, como refugio o método liberador, para refugiarse de los demás y de sí mismo, o para liberarse de las cosas mundanas y del peso que el cuerpo en materia terrenal representa para él y el desarrollo de su vida en este mundo material.

La música es imaginación, amor, poesía espiritual, un ente de carácter trascendental que nos lleva a un espacio sin límites, a un tiempo desconocido y a sentimientos escondidos.

Una de las piezas que más captan mi atención es el “Adagietto” de la Sinfonía No. 5 de Gustav Mahler, quién escribió dicha pieza en 1902 e hizo de ella un regalo de amor para su esposa Alma.

En su Sinfonía No. 5 el austríaco maneja tres conceptos muy interesantes y siempre presentes en nuestra condición humana: la muerte, el amor y la vida. Temas que se separan por una barrera mental que evita pensemos en la relación del primero y el segundo. Mahler rompe esta barrera y una un sentimiento oscuro y al amor en un plano de sensación muy superior al de muchos, provocando que un mensaje confuso pero penetrante llegue inconscientemente a los corazones de todos los oyentes.

En su último movimiento, Adagietto, Mahler evoca un cúmulo de sensaciones y sentimientos con tanta intensidad que cualquier persona que escuche esta danza perfecta de cuerdas quedará extrañamente encantado, empezando por el suave ritmo de los violines que preparan un escenario en donde la intensidad y el romanticismo fluirán por las paredes del corazón, elevando su ritmo de sensación para luego bajar nuevamente y sumergirse en un mundo lleno de impresiones.

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Una obra de emociones confusas, pero también de amor, un viaje a su interior y al mundo de 1902.

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