No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió

“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”

Joaquín Sabina.

Aquella cita resuena una y otra vez en mi cabeza, un pensamiento que se aferra a mi como si la vida dependiera de ello, como si mi presente se justificara de esa forma.

En tiempos en donde la luz interior es un lujo, cuando la enemiga de la humanidad “arrepentimiento” invade el corazón de las personas, esta frase como mantra me ha ayudado a convertir lo oscuro a opaco, lo opaco a algo más claro y eso a un material radiante, proyector de luz, sueños e ilusiones, como varios puentes conectados entre la desesperación y la alegría, como un conjunto de escalones que te sacan del peor abismo a un campo tapizado de flores en armonía con el cielo.

Es difícil cuando has vivido dentro de una cueva lo suficiente como para querer la oscuridad, abrazarla y no dejarla porque es lo único que conoces, realmente es difícil por el miedo a que la luz, esa promesa de los dioses, te llegue a quemar de tan intensa que puede ser, pero es aún más difícil dejar que te toque, enamorarte de ella y perderla.

La dificultad radica en el conocimiento, en saber sobre aquella experiencia tan placentera y de totalidad espiritual que se alcanza y que no lo tengas. En esos momentos mirando el presente incierto buscas un por qué en el pasado, y al voltear los ojos del espíritu hacia atrás uno de los sentimientos que se pueden encontrar es la culpa. Claro, depende de en qué acciones ocupes la mente, pero en el caso de aquellas que te llenaron de una felicidad inmensa, cuando miras hacia atrás y ves que una decisión que tal vez carecía de lógica te llenó de amor y una luz radiante como el sol te das cuenta que no habrías cambiado eso por nada del mundo, que no te arrepientes de nada que hayas hecho por amor, que es mejor hacerlo y después extrañar, porque “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, porque extrañar significa que el sentimiento es real.

Anuncios

El último primer día

Era el último día de los primeros de su verdadera vida.

Después de años sin atreverse a amar, Don Enrique había decidido ir a la playa de San Sebastián en busca de aquella chica que en el verano del 96 lo dejó sin algo más que palabras, aquella figura femenina que le había robado el alma en un suspiro, la que hizo nacer en él material a sus pensamientos para viajar.

Después de casi 18 años de aquél súbito encuentro, al fin había tomado el valor para ir en busca de sus sueños, para empezar a soñar despierto y vivir lo que alguna vez invadió sus noches y pensamientos.

Llegó a la playa tan seguro de que vería aquel rostro otra vez, tan lleno de esperanza y deseo, pero con el pasar de las horas su esperanza se iba, una y otra vez, montada en las nubes de aquel cielo que prometía algo más.

Pasaron así las cuatro estaciones y ella nunca llegó, y tras un año entero, con el cansancio del alma que provoca la espera decidió sentarse frente al mar y encomendarse al incierto mañana y a la luz del ayer, regalándole un último suspiro a aquél lugar que lo vio vivir de verdad.

Siempre estás ahí

Dexter despertaba todos los días con la ilusión que provoca el más bello de sus sueños, con la alegría que nace en el amanecer de una sonrisa, con ese paréntesis en el tiempo que tiene una oración de amor.

Incluso después de que Emma lo había dejado en ese mundo aún sentía su presencia en cada cosa, en cada acción, persona y suspiro del mundo, en realidad ella nunca lo había dejado solo pues el amor que tuvo por él es más grande que el tiempo en si mismo, y él podía sentirlo, en lo más simple y complejo, en lo más profundo y superficial.

Ella había sido ese pilar fundamental para el crecimiento de Dexter, lo había convertido en mejor persona y enseñado una felicidad inigualable.

Emma estaba en todos lados, se encontraba en sus memorias, en un regalo de cumpleaños, en la navidad, en el amor de cada familia unida, en cada amanecer, atardecer, en las estrellas y las sonrisas que se pueden dibujar en el cielo con ellas, en esa luna que tanto lo cela, en los ríos que rodean a una ciudad, el olor a pan y a suavizante para ropa, en cada esquina y avenida, en la lluvia y el calor de abril, dentro de las más bellas sinfonías que se reproducen a lo largo del tiempo, en esos destellos de amor infinito y en las caricias del aire, en un refresco de cola y versos, versos literarios y de amor matemático, en sus sueños y dentro de si, en todo, ella está ahí.

One day

La bizarra lluvia del señor “A.”

“Un cúmulo de hidrógeno, oxígeno y magia” fue lo que pensó el señor A. cuando volvió su vista al cielo y sintió caer las gotas de agua sobre su rostro, contemplaba ese fenómeno en medio de una calle vacía, le parecía tan natural pero a la vez increíble, recordaba las clases de química y geografía que había tenido y la explicación científica de las precipitaciones, pensaba con tanta lógica una parte de él, pero la otra quedaba completamente perpleja, sentía la frescura de cada pequeña partícula y pensaba en todas las emociones que puede provocar una lluvia, desde un estado reflexivo con un toque de soledad hasta lo que experimentaba en ese momento, una callada alegría que tenía su corazón al usar la contemplación.

Cerraba los ojos y pensaba en su familia, desde sus padres y hermanos hasta su amada esposa e hijos, las personas que tanto amaba y quiénes eran responsables de la felicidad, sonreía sin razón más que el recuerdo de ellos y la fuerte sensación de estar vivo, de pertenecer a esta tierra tan llena de historias, amor, colmada de milagros no vistos.

Abrió los ojos y su ciudad le parecía un mejor lugar, llevaba más que una sonrisa en su rostro y fue dispuesto a ir a su hogar, pasó por rosas para su esposa, por pan recién horneado para sus hijos y por chocolate para preparar una bebida caliente y disfrutar de la calma y frescura del día.

Llegó y por una razón la casa se encontraba vacía, buscó y no encontró a nadie, preocupado salió a preguntar a los vecinos.

-Disculpe, ¿sabe a dónde fueron mi esposa e hijos? llegué a casa y no los he encontrado-Preguntó el Sr. A. a una mujer con un paraguas azul que pasaba por su calle.

-Señor A., ¿es usted?-preguntó la señora.

-Si.

-Su familia no vive en esta calle, ponga más atención en los letreros.-Contestó la señora.

-Pero mi familia vive ahí, en esa casa azul-Reclamó el Sr. A

-No, no vive ahí.

Sintió una frustración inexplicable y logró ver que efectivamente esa no era la calle en donde vivía, ni siquiera era su ciudad, había estado soñando, era un extraña sensación onírica y despertó.

Su esposa estaba a su lado con una respiración tan leve y un sueño tan profundo que conmovió completamente su corazón, le dio un beso en la frente y sin hacer ruido se fue de la cama, se vistió para salir y tomó un paraguas. Salió en busca de rosas, pan y chocolate.

lluvia

La flor que hablaba sin voz.

Don Carlos se había perdido en el porche de su casa, si, en el porche de su casa, había sido transportado al mundo de la contemplación al observar a una pequeña flor que crecía entre una porción de tierra a penas visible desde su silla. ¿De dónde había salido? ¿Por qué había tenido el valor de crecer entre sus propiedades? ¿Eran en si sus propiedades sólo porque un papel lo decía? ¿Por qué existir cuando se puede tener la tranquilidad de la nada? ¿Por qué era tan bella y no había tenido nada que hacer?, estas preguntas llevaron a Don Carlos a un estado de pensamiento más profundo de lo normal, hasta que su pequeño nieto de 4 años interrumpió aquel estado y pasó corriendo por el porche.

-¿A dónde vas, pequeño?- dijo Don Carlos.

-Voy a jugar al patio, hoy que entré a la casa vi una flor muy linda y quiero presentársela a mis juguetes, estoy seguro de que la encontrarán más que hermosa.- dijo Gerardo con un tono de inocencia característico de la niñez.

-Pero Gerardito, tus juguetes no pueden hablar ni oír al igual que la flor.

-Abuelo, tú puedes escucharme y hablar, ¿por qué esa flor tan bonita y los juguetes que me regalan tanta alegría no tienen derecho a hacerlo?

Don Carlos se quedó mudo, ¿qué tiene él de especial como para poder escuchar y hablar? ¿cuál es el objetivo de ello? “comunicarse” pensó de inmediato. Volvió su mirada a su nieto y vio una sonrisa increíble, dejó de pensar y corrió a abrazar a su nieto, a hablar con la flor y jugar con muñecos.

 

 

Un día sin sol ni calor

Era una tarde abrazada por vientos del norte, que llevaban en sus brazos el aire que cualquier persona normalmente evita respirar, ese aire pesado y cargado de un hedor insoportable, lleno de recuerdos y sensaciones, carente de sueños e ilusiones.

Ahí estaba Augusto Romero, sentado dentro de una habitación cerrada, intentando evitar aquél viento que invocaba un recuerdo nada grato, y entre libros de filosofía y piezas para violín y piano se refugiaba, intentando hacer que el tiempo pasara, que su agonía acabara, pero algo raro tenía esa tarde, no era sólo el viento lo que le aterraba, de pronto se dio cuenta que era todo en si lo que temor le causaba, el tétrico y apenas visible haz de luz, el constante sonido de las persianas golpeando la ventana que se encontraba helada, el desorden que veía dentro de sus ojos, las notas falladas en un nocturno de Chopin o la gota en caída eterna del lavabo, las palabras secas acerca del amor de un libro de Schopenhauer y el recuerdo de aquellas oraciones de Hermann Hesse en el lobo estepario que producían en su mente un abanico de ideas desconcertantes y lo llevaban a un mundo en donde no había sol, ni calor.

Extrañaba la calidez de los brazos que siempre lo recibían, el aliento y palabras de su familia, los besos llenos de pasión que creaban un nuevo mundo en tiempo récord, la comida, las miradas… parecía que estaba alejado de eso y más, incluso lejos de sí mismo, era una sensación que rara vez ocurre en la vida, de un sentido de no pertenencia tan grande que no comprendes si estás ahí por ti, por alguien más o para alguien más. Sentía que no tenía nada, más que su imaginación y sentido de la percepción, de esa sensación de vaguedad y descontrol

No se daba cuenta que esa sensación nacía más de él que del exterior, y nadie estaba ahí para decirle eso. Sus amigos imaginarios lo acompañaban y al borde de la locura lo acercaban, era una tarde normal en norteña, un desafío personal que se acerca.

Miles de millones

Pocos libros de divulgación científica me han producido tanto placer como “Miles de millones” del astrónomo estadounidense Carl Sagan, pues la mayoría de veces este tipo de libros se limita a dar una opinión científica sobre determinado evento, dando una explicación y relacionándolo con la sociedad. Miles de millones tiene todo esto en cada una de sus páginas, pero posee algo que hace de este libro algo especial, su estilo, la esencia que se oculta detrás de cada oración.

Carl Sagan creó una gran obra compuesta por diecinueve ensayos o capítulos que abarcan una gran variedad de temas, tratando cada uno de ellos a nivel humano y científico, destacando siempre la belleza de la ciencia y las maravillas que el universo nos regala, creando, con sus palabras un encuentro entre la naturaleza científica del hombre, del preguntarse el por qué de las cosas con el arte y la cualidad del universo de producir belleza.

El libro se divide en tres partes:

  1. La fuerza y la belleza de la cuantificación.
  2. ¿Qué conservan los conservadores?
  3. Ahí donde chocan corazones y mentes.

La primera parte está claramente descrita un párrafo antes, y su título da mucho qué pensar, pues reflexionar sobre las fuerzas del universo que interactúan entre sí y formaron y forman lo que somos es bastante placentero al darnos un sentido de pertenencia cósmico, e irónicamente religioso.

La segunda parte se refiere más que a la contemplación a la reflexión social, a las responsabilidades que tenemos como especie y sociedad de cuidar el medio ambiente y a un tema algo controversial en el campo científico: ciencia y religión, ¿amigas? ¿enemigas? Carl Sagan las puede ver con ojos de alianza.

La última parte nos ofrece la consideración de temas como el aborto, el enemigo común entre otros, siendo estos reflexiones de problemas sociales y hasta cierto punto morales explicados y pensados también de manera científica.

Un libro para pensar y disfrutar de las maravillas del universo y reflexionar sobre nuestro papel de humano.sagancollection Miles de millones