Sobre el cambio y doppelgängers

Hace más de un año encontré una serie que sin duda alguna tuvo una fuerte influencia sobre mí, How I met your mother y en uno de sus capítulos el personaje principal, Ted hace una reflexión en donde dice que con el pasar de los años todos nos volvemos nuestros propios Doppelgängers. Cuánta razón y misterio hay en esa teoría pero también algo de incertidumbre.

Normalmente cuando las personas miran hacia la ilusión del pasado tienden a sentir las experiencias que vivieron previamente y después de un rato del viaje hacia atrás nos quedamos con la sensación de que la persona a la que estábamos invocando (nosotros) no es la misma que está haciendo esta reflexión y hay verdad detrás de ello, porque con el pasar de experiencias, logros, desafíos, puntos de dolor, encuentros de felicidad nuestra figura interna se va formando (ojalá siempre para bien). Y a partir de este punto podemos hablar de algo inevitable en la vida de los seres humanos, el cambio. Si habláramos con términos matemáticos pareciera que la vida del hombre es todo menos una función constante pues está sometida a continuos cambios y depende muchísimo del exterior, pero también del interior. Nadie sabe lo que viene con exactitud en la vida de nadie y es por ello que el miedo es un amigo indeseado de nuestra especie desde tiempos inmemorables, porque con el cambio siempre aparecerá formándonos o desfigurándonos completamente, haciendo del futuro algo impredecible y logrando que cuando miremos a nuestro pasado seamos un ente con misma apariencia pero con un interior completamente diferente o siendo distintos en los dos casos, convirtiéndonos en doppelgängers.

Sin embargo nuestro presente no es más que la suma de los eventos de nuestro pasado, de nuestra persona a través del tiempo, es la suma de nuestros doppelgängers y ya sea si estás o no conforme con quien eres en el presente no cambiarás a ninguno de tus doppelgängers que están detrás de ti, es por ello que el trabajo de la contemplación del presente significa tanto para personas espirituales, porque es lo único que lleva a un mejor futuro, y destaco que no me refiero a personas que siguen estrictamente una ideología religiosa, hablo de seres espirituales, un término diferente y tal vez más difícil de abordar.

El cambio no es bueno, pero tampoco es malo, el cambio sólo es eso: “el cambio” y el presente, lo real.

La flor que hablaba sin voz.

Don Carlos se había perdido en el porche de su casa, si, en el porche de su casa, había sido transportado al mundo de la contemplación al observar a una pequeña flor que crecía entre una porción de tierra a penas visible desde su silla. ¿De dónde había salido? ¿Por qué había tenido el valor de crecer entre sus propiedades? ¿Eran en si sus propiedades sólo porque un papel lo decía? ¿Por qué existir cuando se puede tener la tranquilidad de la nada? ¿Por qué era tan bella y no había tenido nada que hacer?, estas preguntas llevaron a Don Carlos a un estado de pensamiento más profundo de lo normal, hasta que su pequeño nieto de 4 años interrumpió aquel estado y pasó corriendo por el porche.

-¿A dónde vas, pequeño?- dijo Don Carlos.

-Voy a jugar al patio, hoy que entré a la casa vi una flor muy linda y quiero presentársela a mis juguetes, estoy seguro de que la encontrarán más que hermosa.- dijo Gerardo con un tono de inocencia característico de la niñez.

-Pero Gerardito, tus juguetes no pueden hablar ni oír al igual que la flor.

-Abuelo, tú puedes escucharme y hablar, ¿por qué esa flor tan bonita y los juguetes que me regalan tanta alegría no tienen derecho a hacerlo?

Don Carlos se quedó mudo, ¿qué tiene él de especial como para poder escuchar y hablar? ¿cuál es el objetivo de ello? “comunicarse” pensó de inmediato. Volvió su mirada a su nieto y vio una sonrisa increíble, dejó de pensar y corrió a abrazar a su nieto, a hablar con la flor y jugar con muñecos.