El sueño de volar

Un cosquilleo en el estómago, una agradable calidez en el pecho y miedo manifestándose en el temblor de las manos, tres de las cosas que siento dentro de mis sueños cuando tengo la sensación de volar.

¿Quién no sueña con volar al ver las aves o los super héroes que aparecen por la televisión? ¿quién no ha soñado despierto con nadar a través del basto azul del cielo? y sentir el viento sobre su cara con una sensación de absoluta libertad. La imaginación de la persona puede ser muy fuerte, pero la experiencia onírica de volar es mágica y es que son repetidas las ocasiones con las que duermo y tengo esa sensación, siempre de diversas formas sin tener en claro un método definido sobre el cómo hacerlo, siempre cambiando, siempre siendo un “yo” diferente, pero teniendo algo en común: incredulidad y fe.

Si, conceptos que a veces no se relacionan muy bien, pero que en sueños parecen tener total sentido y esa es la maravilla de las experiencias dentro de los sueños y de la imaginación inconsciente, que todo puede suceder.

Sin embargo, a menudo me pregunto cómo es posible sentir cosas que no has experimentado realmente, es decir, si, si he volado, pero a bordo de un Boeing 787 no de la forma en la que lo hago cuando duermo, y entre más pienso más me fascino sobre lo maravilloso que es la vida y el cerebro, la unión de ellos, la mente.

La bizarra lluvia del señor “A.”

“Un cúmulo de hidrógeno, oxígeno y magia” fue lo que pensó el señor A. cuando volvió su vista al cielo y sintió caer las gotas de agua sobre su rostro, contemplaba ese fenómeno en medio de una calle vacía, le parecía tan natural pero a la vez increíble, recordaba las clases de química y geografía que había tenido y la explicación científica de las precipitaciones, pensaba con tanta lógica una parte de él, pero la otra quedaba completamente perpleja, sentía la frescura de cada pequeña partícula y pensaba en todas las emociones que puede provocar una lluvia, desde un estado reflexivo con un toque de soledad hasta lo que experimentaba en ese momento, una callada alegría que tenía su corazón al usar la contemplación.

Cerraba los ojos y pensaba en su familia, desde sus padres y hermanos hasta su amada esposa e hijos, las personas que tanto amaba y quiénes eran responsables de la felicidad, sonreía sin razón más que el recuerdo de ellos y la fuerte sensación de estar vivo, de pertenecer a esta tierra tan llena de historias, amor, colmada de milagros no vistos.

Abrió los ojos y su ciudad le parecía un mejor lugar, llevaba más que una sonrisa en su rostro y fue dispuesto a ir a su hogar, pasó por rosas para su esposa, por pan recién horneado para sus hijos y por chocolate para preparar una bebida caliente y disfrutar de la calma y frescura del día.

Llegó y por una razón la casa se encontraba vacía, buscó y no encontró a nadie, preocupado salió a preguntar a los vecinos.

-Disculpe, ¿sabe a dónde fueron mi esposa e hijos? llegué a casa y no los he encontrado-Preguntó el Sr. A. a una mujer con un paraguas azul que pasaba por su calle.

-Señor A., ¿es usted?-preguntó la señora.

-Si.

-Su familia no vive en esta calle, ponga más atención en los letreros.-Contestó la señora.

-Pero mi familia vive ahí, en esa casa azul-Reclamó el Sr. A

-No, no vive ahí.

Sintió una frustración inexplicable y logró ver que efectivamente esa no era la calle en donde vivía, ni siquiera era su ciudad, había estado soñando, era un extraña sensación onírica y despertó.

Su esposa estaba a su lado con una respiración tan leve y un sueño tan profundo que conmovió completamente su corazón, le dio un beso en la frente y sin hacer ruido se fue de la cama, se vistió para salir y tomó un paraguas. Salió en busca de rosas, pan y chocolate.

lluvia